La vela en el viento: Marilyn Monroe

 “En Hollywood te pueden pagar 1.000 dólares por un beso, pero sólo 50 centavos por tu alma”.

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Marilyn Monroe es una de las figuras más importantes del cine y un símbolo de el viejo Hollywood. Su inconfundible rostro mostraba una deslumbrante sonrisa en cada fotografía, en cada cuadro de Andy Warhol, en cada pose. Pero aquella felicidad es solo una cortina de humo. ¿Qué se oculta bajo ese velo?

La verdad es que, inexplicablemente,  Monroe fue una mujer triste. La fatiga, la depresión y su profundo pesimismo, fueron los frutos de su extremadamente sensibilidad y su dotada inteligencia, que la acorralaron hasta perder la esperanza en sí misma y las ganas de seguir luchando. Y de este modo, suicidarse la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 en su casa de Los Ángeles,  un hogar sencillo incluso bohemio, con una inscripción en latín en la entrada que decía: Cursum perficio,  traducido como “aquí acaba el viaje”.

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 “Hay algo sorprendente en ella: su absoluta, irremediable, a veces intolerable, incapacidad para mentir”.

Así la describía la que fue quizás,  la persona que más pudo comprenderla: Arthur Miller. Monroe fue una poeta callejera, tenia una fuerte tendencia a escribir, ya sea en verso o en prosa, todo lo que sentía,  todo lo que pensaba,  sus penas y sus desgracias,  todo. Un recopilatorio de sus poemas y escritos, confirma rotundamente que a sus 36 años,  Marilyn estaba excesivamente cansada. Todo apuntaba al  mayor de los cansancios: la soledad. Y ustedes se preguntarán,  ¿como podía sentirse sola la mujer más querida del mundo? Algo imposible de creer, pero la más insólita verdad revela que fue una mujer terriblemente insegura y asustada, que necesitaba a los demás para buscarse a sí misma, pero que jamás encontró consuelo, sintiéndose atrapada entre la espada y la pared, la tradición o el abandono. Ni sus tres maridos, ni sus múltiples amantes como Frank Sinatra,  Elia Kazan o los hermanos Kennedy pudo llegar a comprenderla ni a concederle la paz que ansiaba.

Socorro, socorro.
Socorro.
Siento que la vida se me acerca
Cuando lo único que quiero es morir.

Marilyn gritaba auxilio a los cuatro vientos, pero nadie quería escucharla: ni sus amantes, ni sus admiradores, y muchísimo menos los estudios de Hollywood, donde Marilyn se convirtió en una figura ingobernable, que explotó en rebeldía en forma de falta de profesionalidad,  impuntialidad y un autodestructivo caos. El rodaje de “Con faldas y a lo loco” en 1959, fue un auténtico infierno tanto para ella como para todo el personal y del cuál Wilder recuerdo con muy mal gusto ya que tanto la vida, como la carrera de la estrella llegaban a su fin. No se memorizaba los guiones, llegaba horas tarde, incluso bebida a veces, su nombre se vio difamado y todo por aquel sufrimiento que sólo la muerte pudo consolar.

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Nembrutal. Esas fueron las pastillas que el día de su suicidio su psiquiatra le acababa de reponer para frenar sus días sin descanso. Esa misma madrugada,  Marilyn ingerió un frasco entero de esas pastillas y su sufrimiento terminó. Me gustaría que descartaran de sus mentes, sin alguna vez las hubo, las teorías conspirativas acerca de un asesinato provocado por la mafia.

Y de ese modo, el dolor que padecía aquella gran diosa, cesó para siempre.

“No es tan divertido conocerse demasiado o creer que se conoce uno demasiado -todo el mundo necesita un poco de amor propio para superar las caídas y dejarlas atrás”. Marilyn Monroe

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naranjomecanico.wordpress.com Más de un siglo de cine da mucho que hablar.

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